
Hace unos 12.000 años, el modo de vida de los seres humanos que habitaban determinadas zonas geográficas comenzó a transformarse radicalmente. Las ocupaciones depredadoras, como la caza y la recolección, fueron sustituidas poco a poco por otras de carácter productivo, como la domesticación de animales y el cultivo de la tierra y, de esta manera, las sociedades de Homo sapiens abandonaron paulatinamente el nomadismo y la economía de subsistencia para convertirse en sedentarias y productoras de sus propios alimentos.
Una de las principales razones de la transformación económica y cultural vivida por las sociedades humanas se encuentra en el cambio climático que se produjo al finalizar la última glaciación y que inauguró el período Holoceno, el último de la actual era geológica. Durante éste, las temperaturas aumentaron considerablemente y, paulatinamente, los hielos que cubrían la mayor parte del planeta se fundieron y quedaron relegados a las regiones polares y a las altas montañas. Con el deshielo, además, se inundaron amplias zonas costeras.
Cronología de los inicios de la agricultura y la ganadería
Epipaleolítico
Neolítico acerámico
Cambiar para sobrevivir
A finales del Paleolítico, sin embargo, la humanidad ya había adquirido la madurez cultural y el progreso técnico necesarios para afrontar este reto. Así se inició la etapa de transición al Neolítico que los historiadores y arqueólogos denominan Mesolítico, durante la cual, gradualmente, los cazadores y recolectores aprendieron a controlar la producción y el consumo de los alimentos.
El Creciente Fértil

La domesticación de los animales, comienzo de la ganadería
Para evitar la aniquilación de los rebaños, los cazadores mesolíticos comenzaron a seleccionar sus capturas en función del sexo y la edad de los animales. A esta caza controlada, posteriormente se uniría la costumbre de perseguir y guardar en recintos cerrados manadas enteras de bóvidos. Así se consiguió disponer de carne durante largos períodos de tiempo sin depender de la caza.
El primer animal domesticado para la alimentación fue la cabra. Los restos encontrados en Irán e Irak evidencian que las cabras que vivían en los poblados del Neolítico -procedentes de la especie salvaje llamada bezoar-, ya eran de menor tamaño y tenían cuernos más pequeños que sus parientes salvajes.
La explicación que dan los zoo-arqueólogos a este fenómeno es que, desde los inicios de la ganadería, los pastores prehistóricos optaron por seleccionar sólo a los individuos que eran más pequeños y dóciles de manejar y que, por lo tanto, al apartar a las hembras domésticas de los grandes machos que vivían en libertad, el Homo sapiens modificó de forma intuitiva la genética del animal. Esta costumbre, que se repetiría con el resto de especies domesticadas -incluidas las vegetales-, provocó que, con el tiempo, las cabras domésticas acabaran convirtiéndose en una especie distinta de la original.
Los primeros animales domesticados
Cultivos primitivos, inicios de la agricultura

Estas prácticas, además de promover la creación de nuevos instrumentos y objetos -como los morteros para moler el grano y los recipientes para guardarlo-, provocaron que las plantas recolectadas acabaran colonizando los asentamientos humanos: al transportar las semillas y frutos de un lado a otro, el ser humano se convirtió en un improvisado vehículo de propagación de diferentes especies vegetales.
El estudio del ciclo reproductivo de las plantas, especialmente de aquellas que por sus propiedades alimenticias eran consumidas en mayor cantidad, hizo que, tras miles de años de recolectar especies salvajes, algunas comunidades aprendieran a domesticarlas y, así, en los albores del Neolítico, empezó a desarrollarse la agricultura.
Según se cree, el cultivo itinerante predominó en las primeras fases del Neolítico: tras desforestar una zona, se quemaba el terreno para que quedase limpio de malas hierbas y, cuando el suelo se agotaba, se elegía una nueva ubicación para iniciar el proceso en tierras más fértiles. Con el tiempo, no obstante, los campesinos neolíticos descubrieron y aplicaron mejoras en los sistemas de cultivo, lo que permitió aumentar considerablemente la producción de alimentos y abandonar la agricultura itinerante.
El espacio que el trigo y la cebada ocuparon en Oriente Próximo lo llenó el arroz en China -comenzó a cultivarse durante el VIII milenio a. C.-. Desde allí se extendería a las regiones vecinas. En América, por su parte, el principal vegetal cultivado sería el maíz -a partir del VII milenio a. C.-, cuyo consumo se cree originario de Mesoamérica.
El desarrollo de la economía productora comportó una explosión demográfica, forzó la colonización de nuevas regiones -lo que, por ejemplo, permitió la difusión del Neolítico a Europa- y provocó cambios en la organización social. De esta manera, además de favorecer la sedentarización y la consiguiente creación de poblados estables -un proceso que, de forma independiente, había comenzado en el Mesolítico-, las nuevas actividades obligaron a adoptar formas de convivencia más complejas y estructuradas -incluyendo una incipiente división del trabajo-.
Pioneras del cambio

Innovaciones técnicas
Durante el período neolítico, la mayor parte de instrumentos -muchos de ellos relacionados con la agricultura- se fabricaron de piedra. La forma de trabajar este material, sin embargo, cambió con respecto al Paleolítico y así, la técnica de pulir la piedra -darle forma y filo mediante el frotamiento- se impuso sobre la de la talla -que implicaba golpear una piedra con otra-. En este sentido, el término Neolítico o Nueva Edad de la Piedra fue acuñado en 1865 por el naturalista y antropólogo británico John Lubbock para describir estos cambios en la manera de fabricar los instrumentos líticos.
El desarrollo de la economía productiva, en este contexto, permitió que los grupos humanos pudieran dedicar más tiempo a realizar tareas que no estaban relacionadas con la obtención de comida. De esta suerte, tras experimentar con los materiales propios de su entorno, aparecieron nuevas industrias cotidianas que ya no utilizaban la piedra, como la cestería, la carpintería, el tejido y, sobre todo, la cerámica. Precisamente, la invención y el posterior desarrollo de la cerámica, está considerado como uno de los logros fundamentales en el proceso de neolitización de las sociedades humanas.
Una dieta a base de cereales

Útiles de labranza hechos de piedra

La aparición de la minería
Camino de la civilización, el comercio
El desarrollo de un comercio incipiente, que los arqueólogos han demostrado por el hallazgo de tipos de cerámica y de materiales que no son propios del lugar donde fueron encontrados, como la obsidiana, sería posteriormente favorecido por la invención de avanzadas formas de transporte y por el nacimiento de una nueva industria que, necesitada de recursos difíciles de conseguir en muchas regiones agrícolas, pondría fin al reinado de la piedra: la metalurgia.
La última etapa del Neolítico en Oriente Próximo, Europa, Egipto y otras regiones del Viejo Mundo que entre el VII y el III milenio a. C. adoptaron la agricultura y la ganadería como base de su economía, recibe el nombre de Eneolítico, Paleolítico, Edad del Cobre o Neolítico Final. Este período de transición entre el Neolítico propiamente dicho y la Edad del Bronce, durante el cual los seres humanos no sólo aprendieron a fundir y forjar el cobre, el oro y la plata, sino que consiguieron perfeccionar las técnicas de cultivo y producción artesanal utilizadas hasta entonces, fue un momento de profundas y decisivas transformaciones culturales, sociales y económicas.
Los cambios registrados durante las últimas fases del Eneolítico, como se observa perfectamente al estudiar la aparición de las primeras civilizaciones mesopotámicas, serían, a la postre, los responsables de que, tras más de 100.000 años de evolución, el Homo sapiens abandonara esa larga etapa de su evolución conocida como prehistoria.












